Columna de opinión: “Picando Piedra”
Por: Montesquieu
El reciente triunfo de la Cuarta Transformación en Yucatán ha marcado un antes y un después en la política del estado. Con Joaquín Díaz Mena en la gubernatura, una mayoría en el Congreso local y alcaldías que históricamente parecían inalcanzables, Morena se consolidó como la principal fuerza política. Sin embargo, como bien señala su nuevo dirigente estatal, Carlos Bojórquez Urzaiz, el verdadero desafío apenas comienza: conquistar Mérida.
La capital yucateca es, hasta ahora, el último gran bastión del panismo. Un territorio que se ha mantenido fiel a la derecha durante décadas y que, en la narrativa morenista, simboliza el muro que aún impide la consolidación total del proyecto de la 4T en el estado. Bojórquez asegura que “no es tan derechista como parece” y que, con trabajo de base y una afiliación masiva, el movimiento guinda puede arrebatarle la plaza al PAN en 2027.
El optimismo del nuevo dirigente no es gratuito. Morena demostró en junio de 2024 que es capaz de movilizar conciencias y articular un discurso de cambio con resonancia social.
La campaña de Díaz Mena fue, más que una operación electoral, un ejercicio de pedagogía política que conectó con un electorado cansado de la inercia panista. Si ese ánimo se mantiene, es cierto que el escenario de una victoria en Mérida ya no parece tan descabellado.
No obstante, los retos son enormes. En Mérida, el PAN conserva estructuras vecinales sólidas, redes empresariales influyentes y una narrativa de “ciudad ordenada” que aún seduce a sectores medios y altos. Morena, para ganar, no puede limitarse a la crítica; tendrá que demostrar capacidad de gestión y propuestas claras para resolver problemas cotidianos como la movilidad, el agua, la seguridad y el desarrollo urbano sustentable.
Otro punto crucial será evitar la tentación del triunfalismo. Si Morena se limita a confiar en el arrastre del gobernador o en la popularidad de la presidenta Claudia Sheinbaum, corre el riesgo de estancarse. La ciudadanía meridana es más crítica y exigente que nunca, y castigará cualquier intento de improvisación.
Lo interesante es que Bojórquez coloca la disputa en un terreno simbólico: transformar no solo las instituciones, sino también las conciencias. Habla de un “Renacimiento Maya” como bandera local, lo cual podría darle a Morena un sello distintivo en Yucatán.
El reto será que esa narrativa no quede en mero folclorismo electoral, sino que se traduzca en políticas públicas que realmente dignifiquen a los pueblos originarios.
Mérida será la gran prueba de fuego para Morena Yucatán en 2027. Si logra arrebatarle al PAN la capital, el proyecto de la 4T habrá echado raíces profundas en el estado. Si no, quedará la sensación de que el cambio se quedó a medias.
La batalla por Mérida, más que política, será cultural: un pulso entre la continuidad de un modelo urbano excluyente y la promesa de un movimiento que dice estar hecho para transformar.
¨Se tenía que decir, y…. lo dije”

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