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La psicología de la felicidad en tiempos de incertidumbre

Por: Marco Antonio Cortez Navarrete
En los años setenta, cuando en Yucatán alguien decía “voy al psicólogo”, la frase se interpretaba casi como una confesión de locura. Fue en ese escenario de prejuicios y desconocimiento donde un joven doctor en psicología, Elías Góngora Coronado, comenzó a sembrar una semilla que hoy florece en el ámbito académico, clínico y social de la entidad. Pionero en el estudio y la enseñanza de esta disciplina en la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY), institución de la que fue director de la Facultad de Psicología, Góngora Coronado es uno de los nombres fundamentales para entender la evolución de la psicología en la región.
Su impulso inicial se concentró en la orientación educativa, rama necesaria para atender a estudiantes en un contexto de cambios sociales y educativos. Más tarde, el campo se abrió a la psicología social y, con los años, a la clínica, hasta consolidarse como un pilar de la vida diaria de las personas. Gracias a este trabajo, lo que antes era tabú se convirtió en un recurso legítimo para entender, prevenir y tratar los problemas de la mente y de la vida cotidiana.
Hoy, sin embargo, el doctor Góngora Coronado no se detiene en lo ya construido. En un mundo saturado de malas noticias —guerras, crisis económicas, polarización política y muertes que se vuelven parte de la rutina informativa—, él dirige su mirada hacia un campo que para muchos sigue siendo controvertido: la psicología de la felicidad. Hablar de ella, incluso ahora, puede sonar frívolo o superficial, como antaño lo era acudir al psicólogo. Pero Góngora insiste en que no se trata de un lujo, sino de una necesidad profunda.
Hombre bajito, de tez blanca, voz sutil y pensamiento enorme, su visión resulta provocadora en tiempos donde los discursos oficiales aseguran que “los mexicanos somos felices”, aunque la realidad cotidiana de millones los mantenga “contra la pared, boca abajo y amarrados”, como diría la metáfora más cruda. La felicidad que él plantea no es una evasión ni una sonrisa impostada, sino una construcción interna y colectiva que debe enseñarse, practicarse y defenderse.
Recordar a Elías Góngora Coronado es, en el fondo, recordar que la psicología en Yucatán se abrió paso contra el estigma, y que hoy su vigencia radica en proponernos algo esencial: aprender a ser felices en medio de la tormenta.

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