Yucatán siempre ha sido un estado con una identidad única, distinta al resto del país. Su cultura, tradiciones y política tienen matices que lo hacen destacar. Sin embargo, en los últimos meses, el escenario político se ha visto marcado por una preocupante guerra sucia que parece estar siendo impulsada desde las entrañas más nobles del poder político.
A pesar de que los tiempos electorales aún están lejanos, todo indica que se ha adelantado la contienda por el poder, recurriendo a tácticas de desprestigio contra figuras políticas de la hoy llamada oposición al régimen actual.
La reciente exigencia de resultados tangibles a nuestras máximas autoridades de los tres niveles de gobierno, podría estar motivando una estrategia de distracción, enfocada en desviar la atención pública mediante ataques mediáticos a diversos personajes de la política de alta alcurnia en nuestro estado, de manera puntual de la capital yucateca.
El primer blanco de esta estrategia fue la alcaldesa Cecilia Patrón, considerada una de las cartas más fuertes del PAN para la presidencia municipal de Mérida en 2027. Se denunció la creación de nuevas páginas de redes sociales etiquetadas como “medios de comunicación” que generaron notas dirigidas a la difamación y al desprestigio hacia personajes de fuerza política real, utilizadas en su contra para tratar de debilitar la imagen que hoy ostentan ante la ciudadanía meridana concretamente, a todas luces para dejarlos mal e intentar debilitar su imagen ante el electorado.
Ahora, la ofensiva parece dirigirse hacia el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y, en particular, contra su dirigente en Mérida, Rafael Echazarreta Torres, quién tan solo lleva tres meses al frente de partido en la capital yucateca, Echazarreta Torres dicen los que saben que en tan poco tiempo ha logrado un significativo avance en el posicionamiento del tricolor, de manera puntual con “su gente” los priistas de hueso colorado que hoy parece están regresando a la llamada casa del Pueblo, incluso han sido varios los medios que han publicado todo tipo de versiones de las desacreditaciones que hoy podemos leer afortunadamente en pocos espacios.
Las estrategias de difamación y guerra sucia no benefician a la democracia ni a la sociedad. Yucatán merece un debate político basado en propuestas, resultados y visión de futuro, no en ataques al por mayor, la ciudadanía debe estar atenta a estas maniobras y exigir transparencia y rendición de cuentas a sus gobernantes, dejando de lado los intereses partidistas y priorizando el bienestar del estado.
No olvidemos que “Una injusticia hecha a un individuo es una amenaza hecha a toda la sociedad”.
Este es un llamado a todos los que hoy son parte de la política en este estado lleno de tradiciones y de una cultura ancestral.
Dejemos una pregunta en el tintero ¿Quién sigue?

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